Los recuerdos vienen a mi memoria como las olas a una playa, me sumerjo en los maravillosos años de la infancia. Aunque carecíamos de recursos económicos, mi padre en su pequeño taller de zapatería se afanaba para que no nos faltase lo básico que era la alimentación. mi madre, como sabía coser, de cualquier retal nos hacía los vestidos y a mis hermanos, los pantalones y camisas, siempre íbamos limpios y arreglados.
Recuerdo mi infancia con ternura, y les tengo que agradecer a mis progenitores, que nos educaran en el respeto a todo ser humano.
Con mucho sacrificio nos llevaban al colegio público, nos iniciamos en la lectura, en el libro ``Del nene`` que nuestra querida maestra doña dolores, ponía gran empeño en su deber docente. Alquilábamos tebeos en el quiosco, la familia Ulises, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, y para mis hermanos, El guerrero del antifaz.
Llegaba el domingo y mis hermanos y yo, esperábamos la visita de nuestro tío como agua de mayo. El nos daba a todos los sobrinos unas ``pesetillas` `para nuestras chucherías.
los niños jugábamos en la calle. Todas las casas eran de planta baja, y en el verano, salían todos los vecinos por las noches, a tomar un poco de brisa fresca del cercano mar.
Recuerdo con cariño a Agustín, sus padres murieron en la guerra y vivía con su abuela. Para ganarse algunos céntimos, se ponía en el umbral de su casa con un platillo, niño que pasaba, céntimo que iban al plato. En el interior de la vivienda, colocaba sillas, él improvisaba con la toquilla de su abuela unas alas, y hacía de vampiro. Compraba caramelos de fresa, los introducía en un frasco con agua, extendía un mantel sobre la acera, como el agua había adquirido el color de las fresas, a los niños nos atraía y lo comprábamos. hacía de director artístico, con una gran caracola, nos hacía de cantar. Yo cantaba siempre ``Adiós lucerito mío`` de Antonio molina, que estaba de moda. como es normal, nuestras voces sonaban distorsionadas y las risas nos contagiaba a todos.
mi hermano quería un coche para sus juegos, como no se le pudo comprar, fue al comercio mas cercano, y pidió un cajón de madera donde venía embazada la leche condensada. Se hizo de dos barras fuertes de madera, que ajustó a lo que el decía que era la carrocería, y con grandes clavos las ajustó bien. Yo me subía en el, mi hermano me daba un ligero empujón hacía adelante, como era cuesta abajo, salía a gran velocidad, mientras mis cabellos volaban al aire.
Los niños jugaban al ``Salto piola`` Se ponían todos en posición de ``cuatro patas``. Venían corriendo y saltaban encíma.
Las niñas a la ``Gallinita ciega``. Formábamos una rueda, y una de nosotras giraba alrededor y soltaba un pañuelo a nuestros pies con los ojos vendados, a la que le tocaba, salía corriendo detrás de ella, si la alcanzaba se convertía en su dueña. Recuerdo tener que ir a un vecino de la calle a pedir unas galletas por mandato de ``mi dueña``
Hacíamos nuestras propias muñecas, mi amiga de la infancia y yo, íbamos a casa de las modistas, y con los recortes de tela, yo me encargaba del cuerpo, y ella de la indumentaria.
A las ``cinco piedras` ` eran todas de reducido tamaño, lanzábamos una al aire, y al mismo tiempo, recogías las otras cuatro. Los cromos multicolores, los ponías boca abajo, le dabas una palmada con el hueco de la mano, y los que quedaban a la vista, eran para ti.
las noches de San Juan, eran mágicas, recogíamos unos días antes, todos los utensilios inservibles que nos daban los vecinos, lo amontonábamos, posteriormente, había que hacer a Juan para quemarlo. Con un canasto de mimbre, hacíamos la cabeza forrándola con un saco, los brazos, eran un par de escobas, y las piernas un par de muletas del pobre señor Eulalío , que como estaba en el cielo, no las íba a necesitar.
Los domingo había cine matinal infantil, y nuestro tío nos daba unas pesetas y un primo mío y yo, que éramos de la misma edad, íbamos. Recuerdo un día que mirábamos un escaparate de pastelería, mi primo me decía, - ¿Tú cual te comerías? -. Yo el de chocolate, ¿ Y tú? -. Ese grandote de merengue. Una señora que por allí pasaba, nos oyó, y nos lo compró.
De regreso del cine, perdí el dinero que tenía para regresar en autobús, mi primo no se lo pensó, fue pidiendo a la gente que esperaba hasta conseguir el importe del billete.
Espero me disculpéis, hoy estaba un poco nostálgica, y me he dado un paseo por mi paraíso de la infancia.
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