miércoles, 12 de agosto de 2015

NOEMI HIJA DE SEFARDIES


 


     Mi vuelo procedente de Hamburgo Alemania aterrizó en el aeropuerto de Madrid Barajas a las seis de la mañana. Nací allí, soy descendiente de sefardíes de Toledo, y anhelaba conocer esta ciudad, donde vivieron mis antepasados durante tantos años

La veo aparecer entre brumas en la extensa llanura manchega, encima de un cerro, y a sus pies el rio Tajo. Se llergue majestuosa, no en vano convivieron durante muchos años pacíficamente, cristianos, musulmanes, y judíos, hasta 1492, que estos últimos fueron expulsados. Se siente orgullosa de su pasado, y también de su presente. Está igual de hermosa con su monumental catedral, su sinagoga, plazas, y callejas.

Esta historia que os narro, me la contó mi abuelo Pablo, siendo yo una adolescente, mi abuelo pasó etapas difíciles en su vida, fue capturado por los nazis por ser judío y llevado a un campo de concentración, pero procuro olvidar este pasado triste de mi raza.

Estamos a junio de 2012. Es Corpus Cristi, corazón cultural de esta ciudad, sus calles engalanadas, están abarrotadas de público, me quedo embelesada en la contemplación de la Santa Custodia, su rica orfebrería se luce esplendorosa en esta procesión. Siento que algo inexplicable, fluye dentro de mi alma, y lágrimas de emoción ruedan por mis mejillas, al recordar la historia de mis antepasados sefardíes, que está muy ligada con la orfebrería.

Me han informado, que en este día, abren los patios toledanos del barrio de Santo Tomés al público, y es algo que no puedo dejar de visitar en este mi primer viaje a Toledo.

Los patios en su época, era donde se hacia la vida social. Entro en uno de ellos, mi abuelo como es normal no sabía la ubicación exasta. Pero observo que conservan los aljibes y pozos como el me los detalló. Y mis pensamientos parecen revivir aquella época gloriosa de mi familia.

 

Toledo verano de 1492. Tomás es cristiano, y su oficio el de orfebre, de sus manos artesanas, salían las joyas mas valiosas que lucían la alta nobleza toledana. Son las ocho de la tarde y se dispone a oír la santa misa en la catedral. Después iría a visitar a su viejo amigo judío Isaac, que comparte vivienda en el mismo patio que él.

No había otro que se pudiese comparar con aquel lugar, de forma rectangular, bien cuidado y ornamentado, cuando se abría la hermosa puerta que daba acceso al recinto, aparece el pozo en el centro, y en un extremo, el aljibe.

Está ornamentado con macetas, que las manos de Noemí, la hija de mi viejo amigo y maestro, cuidan con esmero y dedicación diaria. La madreselva, trepa por todos los soportes de la galería superior dejando visible la balaustrada del interior.

Noemí, saca agua del pozo para refrescar el ambiente debido al extremoso calor, y la sorprendo con el ruido de mis pasos en el empedrado. Me mira, y me sonríe tímidamente. Somos como hermanos, hemos compartido juegos infantiles juntos. Últimamente, mis sentimientos han cambiado hacia ella, y no me atrevo a expresarlos, por respeto a mi maestro orfebre.

¡Aceptaría, que su hija se casara con un cristiano? lo conocía bien y sabía que sus costumbres las llevaba bien enraizadas.

- Hola, ¡ te ayudo con el cubo?

En el giro que hizo su cabeza al verme, se le cayó el velo que la cubría y pude admirar su melena que le llegaba a la cintura.

En las noches cálidas toledanas, los vecinos nos sentábamos en el patio, era la hora de la tertulia, compartíamos los rumores de la ciudad, los nacimientos, las bodas, los asuntos laborales, y las infidelidades, que eso era cotidiano por las mezclas de culturas.

Acerqué mi silla a la de mi amigo, a la derecha, permanecía mi amiga sentada en silencio. Yo era consciente, que después de la cena se habían reunido toda la familia y practicaban su religión a escondidas, a pesar de que eran perseguidos por este hecho.

En el patio, seguía el murmullo y las risas de las conversaciones que mantenían mis vecinos. Yo esperaba el momento propicio para hablar con Isaac. Noemí dio las buenas noches, y se retiró a descansar. Mi amigo ya daba, alguna que otra cabezada apoyando su cara barbuda en su mano, y comenzaba a emitir un suave ronquido. Lo desperté con una noticia, que suponía que sería de su agrado.

- ¿Sabe usted, el encargo que me han hecho, mientras que fue a visitar la sinagoga?

-¡Tú dirás hijo! de que se trata.

-Una corona para la reina católica.

- En la cara de mi amigo se reflejó una mezcla de escepticismo y sorpresa.

- No lo creo, corren tiempos difíciles, se rumorea, que precisamente la reina, negocia nuestra expulsión, no creo que nos de tiempo de realizar tal obra.

- Yo quería ponerle de buen humor para tratar el tema que me interesaba.

- ¿Que pasa por tu pensamiento? ¡Habla hombre!

- Verá yo... en fin, no se como decirle....

- ¡Tan grave es!

- Un poco.

- ¡Venga Tomás! No seas pesado quiero irme a dormir.

- Quiero a su hija Noemí como esposa.

- Los ojos de Isaac, me contemplaron con una mezcla de ironía y sorpresa.

- Tú sabes que eso es imposible, no se casará con un cristiano.

- Además la he prometido a Levy el hijo del escribano.

- Pero ese hombre es muy mayor, viudo y con hijos.

- Mi amigo me sonrió, y me dio una palmadita en el hombro.

- No me importa tenerte en mi familia, te conozco desde que naciste.

- Tomás renunció al cristianismo. La boda se celebró en la sinagoga, acudió a ella gran parte de la nobleza de la ciudad.

Los recién casados ocuparon un palacete frente a la puerta de la bisagra, desde donde se podía contemplar el serpenteante río, y el hermoso valle.

El matrimonio vivía feliz, y Noemí, estaba en espera de su primogénito.

Toda ilusionada, cruzó presurosa la plaza de Zoco Dover. Ya comenzaba el invierno y las hojas secas se amontonaban barridas por el viento, iba a darle la buena noticia a su familia.

-¡Enhorabuena hija ´mía!

- Pero ¿No estás informada de lo que ocurre?

- De que se trata.

- De nuestra expulsión.

- ¡Pero porque! ¡Somos toledanos!

- Si, pero somos judíos.

- Y es una orden de los reyes cristianos.

- Habla con Tomás, dentro de un mes nos marcharemos.

Así fue, como en enero de 1493, La familia Cerdán con Noemí en estado muy avanzado de gestación, huyeron de Toledo con una gran pena que atenazaba sus corazones, por dejar a una ciudad a la que seguirían amando  hasta el final de sus días.

Anduvieron errantes por Europa hasta su llegada a Alemania, donde la fama de artesano de Tomás, le hizo prosperar en la ciudad de Hamburgo.

Yo, la Noemí del presente siglo, me voy muy feliz, por haber visitado la tierra de nuestros antepasados. Me llevo artesanía toledana. Una hermosa pulsera que he comprado  en una calle cercana a la plaza de Zoco Dover.

Pero lo que siempre llevaré en mis recuerdos es: mi visita a los patios  toledanos donde mi familia vivieron tiempos felices.

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