Mi vuelo procedente de Hamburgo Alemania aterrizó en el aeropuerto de Madrid
Barajas a las seis de la mañana. Nací allí, soy descendiente de sefardíes de
Toledo, y anhelaba conocer esta ciudad, donde vivieron mis antepasados durante
tantos años
La veo
aparecer entre brumas en la extensa llanura manchega, encima de un cerro, y a
sus pies el rio Tajo. Se llergue majestuosa, no en vano convivieron durante
muchos años pacíficamente, cristianos, musulmanes, y judíos, hasta 1492, que
estos últimos fueron expulsados. Se siente orgullosa de su pasado, y también de
su presente. Está igual de hermosa con su monumental catedral, su sinagoga,
plazas, y callejas.
Esta
historia que os narro, me la contó mi abuelo Pablo, siendo yo una adolescente,
mi abuelo pasó etapas difíciles en su vida, fue capturado por los nazis por ser
judío y llevado a un campo de concentración, pero procuro olvidar este pasado
triste de mi raza.
Estamos
a junio de 2012. Es Corpus Cristi, corazón cultural de esta ciudad, sus calles
engalanadas, están abarrotadas de público, me quedo embelesada en la
contemplación de la Santa Custodia, su rica orfebrería se luce esplendorosa en
esta procesión. Siento que algo inexplicable, fluye dentro de mi alma, y
lágrimas de emoción ruedan por mis mejillas, al recordar la historia de mis
antepasados sefardíes, que está muy ligada con la orfebrería.
Me han
informado, que en este día, abren los patios toledanos del barrio de Santo
Tomés al público, y es algo que no puedo dejar de visitar en este mi primer
viaje a Toledo.
Los
patios en su época, era donde se hacia la vida social. Entro en uno de ellos,
mi abuelo como es normal no sabía la ubicación exasta. Pero observo que
conservan los aljibes y pozos como el me los detalló. Y mis pensamientos
parecen revivir aquella época gloriosa de mi familia.
Toledo
verano de 1492. Tomás es cristiano, y su oficio el de orfebre, de sus manos
artesanas, salían las joyas mas valiosas que lucían la alta nobleza toledana.
Son las ocho de la tarde y se dispone a oír la santa misa en la catedral.
Después iría a visitar a su viejo amigo judío Isaac, que comparte vivienda en
el mismo patio que él.
No
había otro que se pudiese comparar con aquel lugar, de forma rectangular, bien
cuidado y ornamentado, cuando se abría la hermosa puerta que daba acceso al
recinto, aparece el pozo en el centro, y en un extremo, el aljibe.
Está
ornamentado con macetas, que las manos de Noemí, la hija de mi viejo amigo y
maestro, cuidan con esmero y dedicación diaria. La madreselva, trepa por todos
los soportes de la galería superior dejando visible la balaustrada del
interior.
Noemí,
saca agua del pozo para refrescar el ambiente debido al extremoso calor, y la
sorprendo con el ruido de mis pasos en el empedrado. Me mira, y me sonríe tímidamente.
Somos como hermanos, hemos compartido juegos infantiles juntos. Últimamente,
mis sentimientos han cambiado hacia ella, y no me atrevo a expresarlos, por
respeto a mi maestro orfebre.
¡Aceptaría,
que su hija se casara con un cristiano? lo conocía bien y sabía que sus
costumbres las llevaba bien enraizadas.
- Hola,
¡ te ayudo con el cubo?
En el
giro que hizo su cabeza al verme, se le cayó el velo que la cubría y pude
admirar su melena que le llegaba a la cintura.
En las
noches cálidas toledanas, los vecinos nos sentábamos en el patio, era la hora
de la tertulia, compartíamos los rumores de la ciudad, los nacimientos, las
bodas, los asuntos laborales, y las infidelidades, que eso era cotidiano por las
mezclas de culturas.
Acerqué
mi silla a la de mi amigo, a la derecha, permanecía mi amiga sentada en
silencio. Yo era consciente, que después de la cena se habían reunido toda la
familia y practicaban su religión a escondidas, a pesar de que eran perseguidos
por este hecho.
En el
patio, seguía el murmullo y las risas de las conversaciones que mantenían mis
vecinos. Yo esperaba el momento propicio para hablar con Isaac. Noemí dio las
buenas noches, y se retiró a descansar. Mi amigo ya daba, alguna que otra
cabezada apoyando su cara barbuda en su mano, y comenzaba a emitir un suave
ronquido. Lo desperté con una noticia, que suponía que sería de su agrado.
- ¿Sabe
usted, el encargo que me han hecho, mientras que fue a visitar la sinagoga?
-¡Tú
dirás hijo! de que se trata.
-Una
corona para la reina católica.
- En la
cara de mi amigo se reflejó una mezcla de escepticismo y sorpresa.
- No lo
creo, corren tiempos difíciles, se rumorea, que precisamente la reina, negocia
nuestra expulsión, no creo que nos de tiempo de realizar tal obra.
- Yo
quería ponerle de buen humor para tratar el tema que me interesaba.
- ¿Que
pasa por tu pensamiento? ¡Habla hombre!
- Verá
yo... en fin, no se como decirle....
- ¡Tan
grave es!
- Un
poco.
- ¡Venga
Tomás! No seas pesado quiero irme a dormir.
-
Quiero a su hija Noemí como esposa.
- Los
ojos de Isaac, me contemplaron con una mezcla de ironía y sorpresa.
- Tú
sabes que eso es imposible, no se casará con un cristiano.
-
Además la he prometido a Levy el hijo del escribano.
- Pero
ese hombre es muy mayor, viudo y con hijos.
- Mi
amigo me sonrió, y me dio una palmadita en el hombro.
- No me
importa tenerte en mi familia, te conozco desde que naciste.
- Tomás
renunció al cristianismo. La boda se celebró en la sinagoga, acudió a ella gran
parte de la nobleza de la ciudad.
Los recién
casados ocuparon un palacete frente a la puerta de la bisagra, desde donde se
podía contemplar el serpenteante río, y el hermoso valle.
El
matrimonio vivía feliz, y Noemí, estaba en espera de su primogénito.
Toda
ilusionada, cruzó presurosa la plaza de Zoco Dover. Ya comenzaba el invierno y
las hojas secas se amontonaban barridas por el viento, iba a darle la buena
noticia a su familia.
-¡Enhorabuena
hija ´mía!
- Pero ¿No
estás informada de lo que ocurre?
- De
que se trata.
- De
nuestra expulsión.
- ¡Pero
porque! ¡Somos toledanos!
- Si,
pero somos judíos.
- Y es
una orden de los reyes cristianos.
- Habla
con Tomás, dentro de un mes nos marcharemos.
Así fue,
como en enero de 1493, La familia Cerdán con Noemí en estado muy avanzado de
gestación, huyeron de Toledo con una gran pena que atenazaba sus corazones, por
dejar a una ciudad a la que seguirían amando hasta el final de sus días.
Anduvieron
errantes por Europa hasta su llegada a Alemania, donde la fama de artesano de
Tomás, le hizo prosperar en la ciudad de Hamburgo.
Yo, la
Noemí del presente siglo, me voy muy feliz, por haber visitado la tierra de
nuestros antepasados. Me llevo artesanía toledana. Una hermosa pulsera que he
comprado en una calle cercana a la plaza de Zoco Dover.
Pero lo
que siempre llevaré en mis recuerdos es: mi visita a los patios toledanos
donde mi familia vivieron tiempos felices.
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